Travesía Vivac Medellín – Cali 2015

La hazaña en parapente. 

A principios del año 2014 definí la fecha de inicio de esta travesía: el 19 de diciembre de ese año sería el día indicado para desplegar mis alas y cubrir el trayecto Medellín – Cali en parapente, un sueño que me acompañaba desde años atrás y que cumpliría solo o acompañado, estaba decidido. El calendario fue rodando hasta que llegó el momento, era viernes en la mañana y en la pista de despegue de San Felix nos encontrábamos Mayer Zapata, Sebastián Castro, Stefan Hodek y yo, un grupo de cuatro pilotos que estaban a punto de enfrentar las malas condiciones climáticas, que por esos días azotaban al Valle de Aburrá, con tal de poner en marcha este proyecto; el despegue y el vuelo fueron lentos con techos bajos, viento fuerte y pocas nubes.

Como lo teníamos pronosticado, el clima nos jugó una mala pasada, Sebastián y Mayer aterrizaron al poco tiempo de salir de la ciudad; Stefan llegó hasta la Pintada, mientras que yo, logré volar hasta Fredonia luego de hacer una parada en Angelópolis. Al día siguiente probamos suerte una vez más, pero el cielo continuaba opaco y el ambiente muy frio. Por mi parte hice un planeo sin térmica cerca de la Pintada, lugar donde nos reunimos posteriormente y, a raíz del mal tiempo que estaba previsto para los días siguientes, nos vimos obligados a suspender la misión. Como una buena cábala de año nuevo, el 8 de enero del 2015 fue la fecha fijada para retomar el viaje.

DIA 1: comenzamos la aventura Medellín- Cali 2015

Tras varios días de espera , aquí estaba nuevamente para cumplir la cita de despegue en San Felix, en esta oportunidad sólo me acompañaba en el aire mi compañero Mayer Zapata; como apoyo terrestre contábamos con Federico Ríos, fotógrafo contratado por Redbull y con Gustavo Gutiérrez, encargado de ir al volante de la camioneta.

Comenzamos nuestra ruta hacia el sur aproximadamente a las 10:30 de la mañana, el clima se veía muy prometedor pero desde el oriente, el viento amenazaba con traer unas grandes nubes que opacarían el sol; al instante de ganar buena altura, fuimos directo a Montaña Alta al oeste de los Belenes, pasamos a San Antonio de Prado y luchamos un buen rato en Romeral para tomar altura y cruzar hacia Amagá. Allí tomamos velocidad y nos separamos: Mayer decidió ir más bajo estableciéndose en una térmica sobre el pueblo, él pudo avanzar un poco quedando a 8 km de Fredonia; yo, aseguré altura para llegar a la Hacienda la Bonita donde me encontré de frente con un fuerte viento y me fue difícil avanzar, sin embargo, pasé Fredonia y seguí en dirección La Pintada, en la mitad de este trayecto tuve que aterrizar al no conseguir térmicas apropiadas para continuar mi camino.

La meta del primer día era llegar a Cerro Amarillo, en Damasco, nuestro sitio elegido para armar el campamento y pasar la noche a la luz de la luna menguante; acababa de entrar la tarde y para cumplir con el objetivo extendí mi vela desde un improvisado despegue, a dos horas caminando del lugar donde me encontraba, para luego volar hasta la Hacienda Texas, cerca de la carretera Panamericana; mientras tanto, mi compañero de aventura logró llegar a un despegue en una montaña al lado de Fredonia e hizo un excelente planeo que lo llevó casi hasta la Pintada. Ambos caminamos desde los respectivos sitios de aterrizaje hasta el punto de encuentro, nuestro primer logro.

 

DIA 2: Vamos paso a paso

Nos levantamos bajo un sol intenso y un cielo azul, un día que prometía muchos kilómetros de vuelo, preparamos nuestro desayuno, planeamos la ruta hacia la Merced y nos alistamos para volar a las 11 am, este día estábamos acompañados en el despegue por un piloto francés amigo nuestro, Manu Bonte, quien sería nuestro referente para mostrarnos la primera terma.

Posterior al despegue, el día se tornó turbulento y oscuro gracias a un manto de nubes que empezó a tapar y a disminuir la actividad térmica; además, salir de la Pintada es muy difícil pues es como una gran batea con techo bajo. Mayer consiguió altura en la montaña siguiente y pudo cruzar hasta Arma. Por mi parte, no logré salir de este municipio y aterricé en la salida del pueblo, donde empaqué todo mi equipo e inicie, pasado el mediodía, una caminata de 37 kilómetros hacia el sur, vía la Felisa. Mayer planeó hasta encontrarnos en la carretera Panamericana, ya estaba oscureciendo y nos hallábamos en una de las vías más transitadas del continente y, por lo tanto, de las más peligrosas para cruzar caminando, fueron varios los camiones que pasaron a solo centímetros de nosotros y así llegamos hasta La Merced, segundo reto superado en esta aventura.

 

Día 3: nadie dijo que sería fácil

Despertamos en un campamento que armamos en el potrero, frente a la estación de policía, autorizados por el capitán y el propietario del lote. Estábamos listos para continuar con el cronograma, esta vez despegaríamos desde la vereda el Tambor (La Merced), “Garro” un piloto local nos guió hasta una pista improvisada en medio de un cafetal. Yo fui el primero en arrancar, antes de hacerlo estaba remendando el carenaje de mi arnés que rompí en el aterrizaje anterior y, ya en el aire, me encontré de repente en un gran rotor, la vela de mi equipo se quería cerrar y perdía altura notablemente, iba directo a un cañón sin zonas despejadas para aterrizar; pude alcanzar mi acelerador y pisar a fondo para avanzar un poco hacia la ladera opuesta, allí conseguí una térmica que me permitió remontar ganando altura para posicionarme con tranquilidad.

Estando arriba me comuniqué inmediatamente con mis compañeros en tierra para advertir sobre el riesgo e impedir que Mayer despegara desde ese sitio, yo llevaba 15 kilómetros recorridos en dirección Irra, un caserío al sur de La Merced, cuando él logro alzar vuelo en un ladera más enfrentada al viento real. Ya encaminados en la ruta trazada, unos fuertes vientos comenzaron a romper las térmicas y la capa de inversión estaba muy baja, aproximadamente en los 1500 metros de altura, lo que generó que cuando me encontraba sobre el cañón del Rio Cauca no pudiera ganar altura quedando atrapado en medio de su peligroso venturi, obligándome a aterrizar en una ladera despejada al lado de la carretera. El otro piloto reportó también fuerte viento y aterrizó en La Felisa, cerca de donde pasamos la noche anterior.

Este día quedamos sin más opciones para despegar, así que decidimos caminar hasta la finca de Hugo Jiménez, en Santagueda, quien conoce muy bien la zona y nos indicó como llegar caminando al sitio pactado para el despegue del día siguiente, en Risaralda.

DIA 4: una pluma de ave, mi mejor amuleto

Después de un merecido descanso en una cama de verdad, emprendimos la caminata a las 5 de la mañana. Pasamos por Arauca, un pequeño pueblo de rio pegado en la pared del cañón; más adelante me topé en el camino una mágica pluma de ave, probablemente de un zamuro, la cual fue un augurio de que íbamos a tener un excelente día y la guarde como un amuleto. En el sitio de despegue nos esperaban un amigo y gran piloto Juancho Echeverry acompañado de Héctor Cuartas otro piloto de Manizales, llegamos a su encuentro después de varias horas justo cuando el día prometía un gran vuelo.

Al despegar, Juancho y yo logramos enganchar una suave térmica que poco a poco nos puso en la base de la nube; Héctor y Mayer, por su parte, luchaban por recuperarse porque en este lugar no hay buenos espacios para aterrizar, solo cafetales y tejidos de cables. Cuando todos nos encontrábamos en buena posición tomamos una bella convergencia que nos llevó hasta La Virginia, donde empieza el Valle del Cauca, justo al medio día; continuamos nuestro paso por Ansermanuevo, Héctor no pudo conseguir térmica y aterrizó aquí, Juancho logró salir rápido, al tiempo que Mayer y yo tuvimos que volar aproximadamente una hora antes de poder salir.

Descendí al final de la Chiquita, una pequeña cadena montañosa de aproximadamente 100 mt de altura; para no retrasar nuestra meta del día, subí inmediatamente a la cima de la misma con mi equipo al hombro y fue allí donde por saltar un alambrado, caí de cara al suelo y me rompí mi boca, el fotógrafo registró con su cámara este mal suceso como si supiera lo que iba a acontecer. Sin perder el foco continué mi camino y al despegar de nuevo, me posé en la base de una nube a 2.600 metros de la tierra, con la suerte de que el viento del pacifico no entró y logré llegar por ese mismo sistema montañoso hasta la Ondina, cerca de Roldanillo. La felicidad llegó en la noche cuando junto a Mayer, quien también realizó un gran vuelo, y a nuestros amigos pudimos disfrutar en Roldanillo de una cena que sirvió como motivación y celebración por estar logrando nuestro sueño.

DIA 5: Cali, la meta.

Descansamos en el hotel Iyoma y luego de un delicioso desayuno en la panadería de la esquina, subimos al despegue ¨los Tanques¨, a nuestras espaldas estaba evolucionando lentamente un hermoso día para cross country; sin pensarlo había llegado el gran momento en el que aterrizaríamos en nuestro destino final: Cali.

La presión estaba al orden del día, el jefe de pista de la FAI nos recordaba constantemente que esa fecha se estaba realizando la primera manga del Campeonato Mundial de Parapente en la capital del Valle del Cauca y que la rampla estaba llena de pilotos de todo el mundo.

Volamos lento haciendo tiempo para que el Valle estuviera en su punto y fuera más fácil cruzarlo. A las 12 ya nos encontrábamos en Riofrío, a 25 km al sur de Roldanillo, allí me puse en la base de la nube y me lance a cruzar el Valle hacia Tuluá. Mayer, mi compañero de aventura, no contó con la misma suerte y una gran descendente lo obligó a aterrizar en Riofrío 🙁 .Continuado con mi camino, tuve que volar muy bajo en Tuluá, porque llegué en un ciclo muerto que me hizo mantenerme ahí sostenido hasta que reventó uno nuevo con más potencia, el cual me puso en la entrada de una fantástica calle de nubes hacia el sur. Atravesé Buga y de ahí en adelante tuve al viento de frente que me hizo volar más lento, pero ya tenía mi destino asegurado. Con paciencia avancé hasta el Cerrito, desde donde se puede divisar la ciudad de Cali , la pista del aeropuerto y Palmira. Estando muy alto en el cielo, llegó la hora de aterrizar así que elegí el mejor espacio para hacerlo al lado del pueblo. Hice una leve espiral después de darle las indicaciones al equipo en tierra sobre cuál sería el lugar de aterrizaje para las respectivas fotografías.

Toqué tierra a las 3:30 pm en el Parque Principal del Cerrito, la meta de la Travesía Vivac Medellín- Cali 2015. Luego de 5 días de trabajo duro y muchos meses de preparación estaba logrando el sueño de atravesar estas dos importantes ciudades de Colombia en parapente. Una mezcla de emociones me embargaron en ese momento: estaba inmensamente agradecido con mi equipo de trabajo, feliz por haber llegado según lo planeado; pero triste por Mayer, quien no pudo terminar el vuelo. Este fue otro de mis logros, me continuaré preparando para alcanzar más records y para demostrar la fuerza que tienen las ideas cuando se cuenta con disciplina y se está rodeado de excelentes personas.

Definitivamente ¡el cielo es mi casa!

 

Fotografías cortesía, Federico RíosRed Bull

Alex Villa

Parapentista antioqueño

COMMENTS (2)

  1. Javier

    Buena Alex, siga adelante tratando de motivar a los pilotos en Colombia a hacer este tipo de travesias.
    A ver si algun dia me le arrimo y que ojala se desarrollo el X-Colombia 2016.

  2. Mayer

    Por fin…Varios años hablando de esta aventura y lo logramos!…Pasan los años y la energía se va reduciendo, pero vos inspirás con esa tenacidad mi hermano y es un honor cumplir sueños con vos….
    Mejor contada no pudo estar, pero vivirla y recordar el regalo que nos dió la vida estos 5 días se quedan en la memoria y nos hace plantearnos nuevos retos.

    Viva la vida!!.

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